Su último partido en el Centenario había sido en octubre de 2022 ante Defensa y Justicia. Jugó los 90 minutos, fue capitán y tuvo participación directa en el gol que definió el partido.
Se había convertido en una de las pocas buenas noticias de este convulsionado mundo Colón. En su presentación, la frase de despedida fue premonitoria: “No nos critiquen si ganamos jugando mal, porque lo que importa el domingo es eso, que ganemos”. El Pulga Rodríguez se puso la “10”, le dieron la cinta de capitán (decisión del grupo porque el elegido para ese rol era Christian Bernardi), entró a la cancha con la camiseta rojinegra luego de 998 días (la última ve había sido en el mes de octubre del 2022 en la derrota contra Defensa y Justicia), absorbió la presión y metió el córner al primer palo y a la cabeza de Jourdan para que Colón vuelva a ganar luego de un mes y medio que no lo hacía.
El Pulga jugó los 90 minutos. El dato no es menor, porque este año había jugado muy poco en Atlético Tucumán. “Vengo entrenado”, dijo en la presentación. Pero sin fútbol. Y algo de eso se notó. Tuvo algunas imprecisiones, algo totalmente normal y esperable para alguien que no tiene todavía el ritmo de competencia del resto, máxime en una categoría en la que los espacios faltan, la presión abunda y el buen fútbol escasea.
Hasta los 3 minutos pasó casi inadvertido. Su primera intervención fue con uno de los tantos tiros libres que ejecutó (muy pocos desde una posición apta para el remate al arco). En la jugada del gol, hubo mucho de viveza y talento de su parte. Córner para Colón, los jugadores de Almirante se distrajeron tirándose responsabilidades entre ellos por la jugada previa y el Pulga aprovechó para meter el centro al primer palo, justo para el pique corto de Jourdan, que metió la cabeza, desvió la pelota y descolocó al arquero de Almirante. Gol clave que definió el partido.
En el arranque del segundo tiempo, estuvo cerca del gol. Capitalizó un error defensivo y quedó mano a mano con Galván, enganchó primero para hacer pasar de largo a un defensor, hizo lo propio con el segundo pero la pelota rebotó en el rival y fue a los pies de Bernardi, que remató al arco y se encontró con una buena intervención del “1” rival.
Sobre los 20 del segundo, ensayó una jugada de pelota quieta interesante con Bernardi. Amagó meter el centro “a la olla” y la tiró por bajo para el desmarque de Bernardi, pero la pelota no le llegó bien a su compañero. Fue un buen intento, que seguramente se perfeccionará con el paso del tiempo.
Aguantó los 90 minutos, corrió bastante y tuvo un aporte colaborativo para sus compañeros. Un ejemplo claro fue una jugada en la que se tiró al piso peligrosamente, no pegó a la pelota pero sí al rival. Le cobraron falta (clarísima) y era para amarilla. Pero es el Pulga. Y el árbitro Ferreyra le tuvo compasión.
Minella admitió que soñó con ponerlo de enganche y con los dos delanteros arriba. Lo “frenaron” sus colaboradores. Jugar con él y la dupla Castro-Gigliotti va a ser, seguramente, una buena opción en determinados pasajes de algún partido en el que se necesiten variantes agresivas de ataque. Por lo pronto, ante Almirante fue el media punta suelto, con libertad de movimiento y con tres laderos (Jourdan por derecha, Bernardi por izquierda y Gigliotti por delante), más dos pibes (Yunis y Gaitán) entusiastas y dispuestos a correr y meter en el medio.
El Pulga volvió con su aura, con su viveza de potrero, con su calidad y con 41 años que podrán restarle condición física pero no calidad. “Cuando vine por primera vez, en el 2019, enseguida me hicieron sentir uno más en este club; ahora pasó lo mismo”, dijo luego del partido, cansado pero feliz. El objetivo (ganar) estaba cumplido. Ahora hay que mejorar en el juego.
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