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Municipalidad de Santa Fe

Tras una balacera, la escuela suspendió las clases por temor

  • Escrito por El litoral


Sucedió el martes por la tarde en la escuela Santa Mónica, del barrio San Agustín II. Maestras y chicos debieron arrojarse debajo de los bancos. Por miedo, el plantel docente decidió no ir a trabajar y pide garantías para volver el lunes.

Desde el miércoles, la escuela parroquial Nº 1415 Santa Mónica, del barrio San Agustín II, está cerrada por el temor que vive la comunidad educativa tras el feroz tiroteo entre bandas desatado el martes pasado frente a la institución.

Ese día, el turno tarde vivió una situación de terror: chicos y maestras debieron guarecerse debajo de los bancos hasta que terminara el episodio que, por suerte, no tuvo consecuencias trágicas. "Fue una situación espantosa. Los alumnos estaban muy asustados, algunas docentes entraron en shock y estábamos preocupados porque unos nenes del materno habían ido hasta el quiosco", contó la directora Mónica Bock, que hace 21 años trabaja en esa institución.

El episodio habría sido en venganza del asesinato de un joven ocurrido el domingo pasado en el barrio. "El muerto era un ex alumno nuestro y vivía frente a la escuela. Cuando lo estaban velando en su casa el martes, empezaron a llegar los padres a retirar a los chicos porque había rumores de que podría haber un enfrentamiento. La policía anduvo por acá, pero se retiró momentos antes de que se llevaran el cuerpo al Cementerio, que fue cuando comenzó el tiroteo", relató la directora.

La decisión de no dictar clases la tomó el plantel docente en su conjunto que quedó con temor y angustia por lo ocurrido. Ayer, un grupo de maestras junto con Bock se reunió con el padre José Luis Ayala, vicario para la Educación del Arzobispado, que es la entidad propietaria de la escuela. Luego, fueron a la Jefatura de Policía a pedir mayor patrullaje y terminaron el itinerario en el Ministerio de Educación, donde las atendió la jefa de supervisores.

"Nos pidieron que volvamos a dar clases el lunes, con todas las garantías de seguridad. Hoy tuvimos dos reuniones con las maestras para organizar la actividad escolar", indicó.

Ir a trabajar en patrullero

La escuela cuenta desde el año 2000 con una custodia policial permanente y, además, las docentes ingresan al establecimiento con acompañamiento policial. "Todas las mañanas, las maestras nos reunimos en la escuela San Luis Gonzaga que está en San Agustín I, y ahí nos busca un patrullero para llevarnos hasta nuestra institución. Son 8 cuadras de distancia pero es un peligro", advirtió la directora.

La primaria Santa Mónica está ubicada en el límite Oeste de la barriada, contra la vías del ferrocarril. Un poco más allá está el río y la circunvalación nueva.

Ante las medidas de seguridad que ya tienen, parece difícil encontrar acciones nuevas que garanticen la integridad física de niños y docentes. "Al principio, la escuela molestaba en el barrio y teníamos robos y vandalismo constantes. Pero con esas medidas todo se tranquilizó y hasta el año pasado veníamos bien. Luego la situación social se convulsionó y volvió la violencia a la zona. Hay un estado de nerviosismo generalizado; los chicos tratan de resolver sus problemas con agresión verbal", describió.

"Ahora, nos prometieron más patrullaje por el barrio en los horarios de entrada y salida de clases. Además, no tenemos comedor escolar y nuestros chicos caminan hasta la San Luis Gonzaga para almorzar, con el riesgo que eso implica", dijo

Entre el miedo y la naturalización

"Nuestros alumnos tienen dos formas de reaccionar: algunos chicos tienen naturalizada la violencia, están acostumbrados a los tiroteos permanentes. Y otros se aterrorizan, necesitan conversar, comentar lo que ven diariamente. No quisiéramos que ellos vivan esas situaciones. Sus padres viven armados porque no les queda otra", describió la docente sobre el contexto del barrio.

Esa realidad se choca de frente con la cultura de la convivencia y la paz que intenta transmitir la escuela. "Eso tiene muy mal a las maestras porque ellas tratan de brindarle a los chicos, elementos para desenvolverse en la vida como hombres de bien y luego ven a un muerto tirado en la calle. Es un contraste grande, que angustia", se lamentó. Y aseguró que algunas maestras "están muy impactadas, no quieren volver y pedirán licencia".

También sostuvo que en San Agustín II vive gente de trabajo, que padece una situación de postergación. "Hasta conseguir un turno médico les resulta difícil. Ojalá esta movida que estamos haciendo desde la escuela, le sirva al barrio para obtener mejoras", se esperanzó.