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Municipalidad de Santa Fe

Malvinas: Los soldados del Pueblo merecen nuestra honra

La cobardía de la dictadura no puede mancillar el heroísmo de los combatientes que mantuvieron en alto un justo reclamo.

Por Luis Daniel Rubeo (*)

 

A 32 años del desembarco de tropas argentinas en las Islas Malvinas, sólo quienes están interesados en soslayar la verdad histórica niegan que ese episodio fue el último manotazo de ahogado de la dictadura cívico militar que se adueñó del poder en 1976. Jaqueados por el propio éxito para unos pocos de un plan económico apoyado en el sufrimiento de la mayoría de los argentinos, las cúpulas militares de entonces desempolvaron el plan que la Armada ya había elaborado en tiempos del nefasto almirante Emilio Massera. Sin embargo, la reivindicación de los derechos soberanos de nuestra Nación sobre las islas del Atlántico Sur no pueden ser condicionados por ese intento de gambeta a la realidad que activó la penúltima junta militar, con Leopoldo Galtieri a la cabeza. Quienes dieron su vida en Malvinas no lo merecen.

El rotundo paro de la CGT liderada por Saúl Ubaldini el 30 de marzo de 1982, que dejó el luctuoso saldo de un militante asesinado en Mendoza, decenas de heridos por la feroz represión y centenares de detenidos en todo el país, los resultados catastróficos de las recetas económicas de José Martínez de Hoz y quienes lo sucedieron, y un incipiente revivir de las fuerzas políticas mayoritarias nucleadas en la Multipartidaria, pusieron a la dictadura contra las cuerdas.

En la madrugada del 2 de abril de aquel año, cuando tropas argentinas pisaron los suelos malvinenses y de las islas Georgias del Sur, comenzó un capítulo que desenmascaró impiadosamente a quienes idearon esa operación militar.

Pronto se pudo constatar que el "valiente" capitán Alfredo Astiz, sólo exhibía "coraje" cuando secuestraba, torturaba y asesinaba a madres de desaparecidos y prisioneros indefensos. Cuando al frente del grupo pomposamente denominado "Lagartos" debió enfrentar a las tropas británicas, se rindió sin disparar un solo tiro.

Y lejos de la diabólica coordinación con que se organizaron los grupos de tareas que desaparecieron a toda una generación, las tres fuerzas que actuaron en el teatro de operaciones mostró una falta de orden y planificación entre sí que pusieron en negro sobre blanco que se trataba de mandos preparados para cualquier cosa menos para defender a la Patria.

Pasadas más de tres décadas, el Pueblo argentino no olvida esas responsabilidades, al tiempo que distingue a los criminales de aquellos héroes que lucharon hasta que ya no tuvieron más municiones contra un enemigo superior en armas pero no en coraje.

La Argentina debió atravesar un proceso de "desmalvinización", producto de la incomprensible vergüenza que sintieron los altos mandos militares y, también, buena parte de la dirigencia política en los primeros años de democracia.

Desde hace una década, los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, retomaron el camino emprendido por nuestro país para alcanzar la recuperación de las Malvinas antes del conflicto bélico: impulsar por vía diplomática un enérgico reclamo ante las Naciones Unidas, a fin de que Gran Bretaña cumpla con las resoluciones de ese organismo supranacional que instan a un diálogo bilateral que incluye el tema de la soberanía de las islas.

La oscura mancha que la dictadura infligió al justo reclamo de recuperación de las Malvinas no debe ni por un momento hacernos olvidar que esos territorios pertenecen a nuestra Nación, y que debemos seguir honrando la memoria del casi millar de combatientes caídos en la defensa de los mismos frente al inconcebible atropello colonial.

* Presidente de la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe.