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Benedicto XVI critica la estrategia de Francisco contra la pedofilia

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El documento de 18 páginas firmado por el pontífice emérito Benedicto XVI, el ex cardenal alemán Joseph Ratzinger, para "dar una ayuda en estos tiempos difíciles", ha levantado una polémica de dimensiones extraordinarias en la Iglesia.

Papa contra Papa. El documento de 18 páginas firmado por el pontífice emérito Benedicto XVI, el ex cardenal alemán Joseph Ratzinger, para "dar una ayuda en estos tiempos difíciles", ha levantado una polémica de dimensiones extraordinarias en la Iglesia. Una crisis sorda, porque ninguno de los dos protagonistas aceptan su existencia, lo que la hace todavía más intrincada.

Hace 600 años que no había dos Papas vivos obligados a convivir y en los últimos seis años han logrado llevar en armonía el difícil trance. Las "notas sobre la Iglesia y los abusos sexuales" difundidas desde el jueves al mundo por voluntad de Benedicto XVI han puesto fin a la experiencia. Desde su primera afirmación, en la que atribuye la culpa de los abusos de los curas pedófilos al colapso moral generado por la revolución de las costumbres, sobre todo sexuales, de los años 60, consecuencia según él del "clima conciliar" tras el histórico Concilio Vaticano II, del que Ratzinger participó y del cual es un crítico profundo, casi obsesivo.

El Papa Benedicto reside en un pequeño convento en los jardines vaticanos y el martes cumplirá 92 años. Seguramente lo visitará el Papa Francisco.

Ese clima indecente que se prolongó en los años siguientes alcanzó según Benedicto XVI en la Iglesia vastas proporciones y la "ausencia de Dios" en la esfera pública de la sociedad secularizada. La revolución del 68 peleó por la libertad sexual total, "una que ya no tuviera normas". Fue en ese ámbito que se caldeó la pedofilia en la Iglesia, a la que el ambiente general "diagnosticó como permitida y apropiada".

Bastan estos conceptos, y hay muchos más en el documento, para demostrar que el análisis del Papa emérito choca de frente con las conclusiones del Encuentro que el Papa al comando, el argentino Jorge Bergoglio, convocó con los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo para tratar las medidas para combatir la plaga de los abusos de miles de curas pederastas en la Iglesia y las coberturas que recibieron y reciben por parte de los obispos y otros superiores.

"Ese texto ha puesto en crisis el equilibrio en el Vaticano", titula este domingo el Corriere della Sera de Milán, principal diario italiano, que el jueves dio la primicia del documento de Benedicto XVI en una doble página y le dio el titular de la primera plana.

"Dos partes usan el documento para golpearse en una lógica de rendición de cuentas", agrega un título auxiliar

El articulo lo firma el jefe de redacción Massimo Franco, que presentó la primicia del documento integral y que ahora reconoce que las discusiones que han estallado de inmediato "arriesgan romper el equilibrio que los dos Papas crearon con su relación personal".

La situación es dramática porque la difusión aplastante de los curas pedófilos en la Iglesia ha crecido hasta convertirse en la crisis más grande de las últimas décadas y en un pantano para el pontificado de Francisco, que se juega su futuro en su capacidad de poner el fenómeno bajo control.

La división entre Francisco y los dirigentes vaticanos y de las asambleas episcopales que le son fieles, con los nostálgicos conservadores que se sienten representados por Joseph Ratzinger, puede crear nuevas fracturas, además de la que ya se ha producido con el documento corsario de 18 páginas. El ensayo lo están haciendo público en Semana Santa el alemán Klerusblatt y varios periódicos y revistas conservadores en Estados Unidos, donde está centrada la conspiración ultraconservadora que quiere desmontar del pontificado a Jorge Bergoglio, acusándolo de "herético" y protector de los sacerdotes homosexuales.

Esta difusión organizada que con sospechosa sincronía publicó el documento de Ratzinger, hace pensar en una guía precisa. El decano de los vaticanistas (y ex subdirector del diario vaticano L'Osservatore Romano), Gian Franco Svidercoschi, un respetado moderado, dice que las precarias condiciones de salud de Benedicto XVI le generan una pregunta. "¿Fue verdaderamente Ratzinger el autor material del largo documento?" Si la respuesta es positiva: "¿Por qué lo hizo?".

El Papa emérito escribió que pidió permiso de publicarlo al Papa Francisco y al secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin. Lo obtuvo. Negárselo no hubiera impedido la publicación "por otros medios" y habría crucificado a Francisco como "censor" del Papa emérito.

Svidercoschi, que conoce muy bien al cardenal Ratzinger, afirma que la autorización "no atenúa la gravedad de un gesto que, producido después del Encuentro sobre la Pedofilia en Vaticano, será inevitablemente interpretado como una critica a las conclusiones de la cumbre vaticana si no como un ataque directo a Francisco".

Svidercoschi señala que en el documento "no hay una sola idea nueva, ninguna propuesta sobre la tragedia que conmueve a la comunidad católica".

La histórica plaga de la pedofilia

La Iglesia sufre en su estructura la plaga de la pederastia de eclesiásticos contra niños y menores desde los primeros siglos y existe una vasta documentación que lo prueba. Hasta en algunos remotos concilios, como el de Elvira, el tema fue considerado. Afirmar que la herida sangrante de los curas pedófilos se remonta a la "cultura de la transgresión" y a la revolución del 68 es "catastróficamente irresponsable", como afirmó el historiador católico norteamericano Christopher Bellito.

El profesor de teología norteamericano Brian Flanagan dijo que las ideas de Ratzinger sobre la pedofilia en la Iglesia "es una explicación vergonzózamente errónea del abuso sistemático de niños y su encubrimiento".

El profesor Bellito agregó que el ensayo de Benedicto XVI es "catastróficamente irresponsable" porque interviere con las gestiones de su sucesor, el papa Franciso "para sacar a la Iglesia e la crisis".

En su "ayuda para superar este momento difícil", Benedicto XVI refiere experiencias personales de lo que veía en las calles de su Baviera natal a comienzos de los 60, con peliculas sexuales explícitas en los cines, carteles con parejas desnudas y cosas por el estilo, que también llevaron al colapso de la teología moral de la época y a "leyes de la Iglesia que dieron una protección indebida a los acusados" de pedofilia.

"Durante las décadas de 1980 y 1990, el derecho a una defensa para los sacerdotes era tan amplio que hacía casi imposible un veredicto de culpabilidad", escribió. Cuando fue elegido en 2005 Papa Benedicto, Ratzinger reformó esas leyes para faciitar la expulsión del sacerdocio de los abusadores de niños y echó a unos 800 curas de la Iglesia.

Pero durante el largo período en que el guardián de la ortodoxia doctrinaria y la disciplina católica como prefecto para la Doctrina de la Fe (la ex Inquisición), cuando era el colaborador más importante de Juan Pablo II, fue testigo de una época en la que funcionaba a pleno la cobertura de obispos y jefes de órdenes religiosos, a su vez protegidos por el Vaticano y el proprio Papa polaco.

Desde EE.UU., el escritor y periodista del National Catholic Report, Michael Winters, recordó que "la crisis tiene un doble registro doloroso: el hecho de los abusos y las coberturas". En ninguna parte del documento se menciona a los obispos y superiores que cubrieron a los culpables" con lo que en el mismo Vaticano llaman omertá, el silencio mafioso.

Varios magistrados norteamericanos quisieron interrogar a Ratzinger sobre la actitud de cobertura del Vaticano respecto a curas y obispos investigados. Es sabido que Juan Pablo II era hostil a las denuncias porque sostenía que los comunistas atacaban a Polonia y a la Iglesia universal utilizando el ardid de los curas degenerados. Así fue como el más legendario pederasta, el padre Marcial Maciel, fundador de la poderosa orden mexicana de los Legionarios de Cristo, cometió depredaciones sexuales con niños y menores durante décadas, vivía con mujeres con las cuales tuvo varios hijos, fue acusado de distraer fondos de la orden. Recién al final de su vida fue sancionado, pero nunca echado de la Iglesia, donde se lo recuerda como "el más horrible de los abusadores".

Michael Winters recuerda también el caso del cardenal Bernard Law de Boston, que en 2002 debió huir al Vaticano para no ir preso por haber protegido decenas de curas pedófilos. Y el Vaticano del Papa polaco y de Ratzinger lo acogió, lo nombró arciprete de Santa María la Mayor, una de las basílicas pontificias de Roma, y sobre todo le dio la nacionalidad vaticana, que equivalía a la impunidad.

Winters evoca varias historias de aquella época y tras mostrar su desilusión por un hombre de religión que admiraba, señala: "Este es un texto deplorable, que terminará por dañar la reputación del ex pontífice."

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