Menu

Desorden, caos y dos muertos en el último recital del Indio Solari: el testimonio de santafesinos

  • Escrito por Uno

Fueron más de 200.000 personas las que llegaron a la localidad bonaerense para disfrutar del show del ex-Redonditos de Ricota. Con claras muestras de desorganización, se vivió una jornada con problemas de todo tipo que enluta al género por donde se lo mire

Es fácil decir hoy que era algo de esperar lo que sucedió el sábado en Olavarría. Es fácil opinar con el diario del lunes. Igual eso no quiere decir que la tragedia que enluta al rock era por lo menos previsible.
Los interrogantes que van apareciendo mientras pasan las horas son miles pero, a la vez, hay muchas respuestas que ya se sabían de antemano. Es lindo y gratificante el éxito cuando las cosas salen bien pero hay que hacerse responsable si las cosas salen mal. No hay que mirar para el costado. No es que el diablo meta la cola, es que a veces se pretende más de lo que uno puede dar. La ambición y el rock no deben ir de la mano.
Hay un prólogo de esta historia que no hay que obviar y es que no es normal un recital o cualquier espectáculo público donde van 200.000 personas. Mucho menos si se hace en una ciudad "x", en este caso Olavarría, donde su población es la mitad.
Otro dato que no es menor, si tenemos en cuenta la historia de Los Redondos y la terquedad de Solari –que es solo comparable con la de Sarmiento–, es que en 1997 Los Redondos iban a tocar en Olavarría y el recital se suspendió ya que el intendente de ese momento, Helios Eseverri, decidió prohibir por decreto las dos presentaciones que iba a hacer la banda de rock Los Redonditos de Ricota en esa ciudad bonaerense.
Eseverri consideró que la ciudad no estaba preparada para recibir semejante cantidad de fanáticos. El sábado, el Indio Solari tocó junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en el predio rural La Colmena de Olavarría y el show terminó en una tragedia: dos personas murieron como consecuencia de una avalancha. La ciudad efectivamente no estaba preparada.
La misa ricotera (transformada en la misa del Indio), término que alimenta al hombre calvo y lo hizo crecer a puntos inimaginables en la historia del rock nacional, mostró el lado más salvaje. Esta vez se llevó la vida de dos personas en el que, según se escuchó a lo largo de estos últimos meses, iba a ser –y ahora sin dudas fue–, el último recital de Carlos Alberto Solari.
Los que viajaron posteaban la previa en las redes sociales y hasta llegar al lugar todo era una fiesta, como se acostumbraba en cada uno de estos ritos rockeros.
Después ya en Olavarría la cosa fue mutando. Los comentarios de los asistentes iban cambiando de tono y no todo era color de rosa.
Lo que se veía era una ciudad que no estaba preparada para recibir a la marea humana que en este caso no habían llegado hasta la ciudad bonaerense para una procesión sino para ver un recital del "rock del país", como canta en una de sus líricas Solari. Estaciones de servicio desbordadas, supermercados desabastecidos y una marea humana subsistiendo como podía completamente huérfana de controles.
Entrada la noche, el caos se fue adueñando del espectáculo. Corridas, robos y una ansiedad generalizada hizo de la entrada al show un desmán que la organización por obvias razones no tenía previsto.
Se habla de 1.200 efectivos de seguridad dentro del predio, que si hacemos cuentas rápidas en 200.000 personas corresponde un efectivo (en este caso no lo fueron tanto) cada 166 personas. Con solo imaginar la situación, hasta un chico puede darse cuenta de que la situación estaba desbordada y el colapso era inminente. Incluso desde la organización informaron off the record que desde las 19 la situación estaba sin control.
Es de público conocimiento que la logística de los recitales de Solari está a cargo de una productora que él mismo elige y toma la mayor cantidad de decisiones.
La policía siempre fue un tema en la historia de los Redondos y, como siempre ocurre, trabaja fuera del predio, nunca dentro.
No se cortaron los tiquets (siempre pasa en los shows del Indio) y como también es característico entró más gente al predio de la que debía entrar. A lo largo de la carrera de Solari el número de asistentes fue aumentando en cada uno de sus recitales pero este tenía olor a último por la enfermedad que atraviesa y eso fue un plus para que arranque el principio del fin.
El predio tiene 160.000 metros cuadrados y no entraba ni un alfiler.
El show comenzó y con él las avalanchas. Pasaron unos minutos y ya se detuvo y fue Solari el que pidió a la gente que deje de empujar y si todos podían ir unos metros para atrás. No hablaba con la seguridad de siempre. Se lo notaba asustado mientras pedía la presencia de Defensa Civil en uno de los laterales del escenario. Luego todo siguió pero las energías ya eran otras. La banda no sonaba ajustada y todo se manejaba bajo los hilos de los nervios. La situación era incómoda y en varias ocasiones el recital fue detenido para tratar de calmar los ánimos y organizar lo que no se había previsto anteriormente.
Taiana Castro es periodista santafesina y estuvo a escasos metros de lo ocurrido en Olavarría. "Hubo un muchacho que tuvimos que sacarlo con un amigo y tuvimos que hacerle RCP. Siempre hay avalanchas en los recitales del Indio, pero en este caso fue peor que nunca. Era constante y la gente no podía mantenerse en pie", explicó en diálogo con Diario UNO.
En lo que respecta al show, Taiana coincide con otros asistentes en que fue raro. "Para mí cambió la lista de temas arriba del escenario. Después de lo ocurrido se lo notaba preocupado, incluso en varias ocasiones se olvidó la letra o las balbuceaba. Era como que no estaban metidos en el recital. No sé si ya sabían de lo ocurrido pero el ambiente estaba raro. Además, creo que cambió las canciones porque tocó canciones relentas. Incluso al final mezcló Ji Ji Ji con Mi Perro Dinamita", destaca Castro, que es periodista de Radio Nacional Santa Fe.
Al consultarle por la salida del evento, fue clara y precisa: "Fue un caos. Mostraban al principio en las pantallas una zona al final del predio que era todo puertas. Cuando empezamos a salir ninguna de esas puertas existía o estaban cerradas. Eran todas paredes de madera. Algunos desde los techos o los árboles nos indicaban salidas improvisadas pero era una marea humana y fue todo un caos salir".
Gonzalo, otro de los de los asistentes, también dijo que "la salida fue un desastre porque nos hicieron ir por el lado contrario al que habíamos entrado y a todos por un solo lugar. Redujeron la salida a una esquina del predio y hubo gente que se trepó a los techos de las casas contiguas para salir", agregó el joven.
Lo ocurrido artísticamente dentro del predio solo quedará en anécdota luego de que la tragedia se apodere del rock del país.
Ahora comenzará un nuevo periplo donde aparecerá un sinnúmero de protagonistas y se tirarán la pelota de un lado para el otro. De más está decir que la política también jugará su partido pisoteando aún más estas dos personas fallecidas. Solari se mostró siempre cercano al kircherismo y Olavarría es una ciudad de color amarillo.

Incluso en un comunicado oficial el Indio dio a entender que había muchas personas que querían que algo salga mal y que por eso había que extremar los cuidados.
En lo que respecta a la sociedad rockera, lejos estamos de aprender cuáles son los comportamientos que debemos tener en este tipo de eventos. El egoísmo está a la orden del día. Por otro lado, hay toda una tendencia a la futbolización del rock que lejos de mermar se sigue acrecentando. En este caso más aún. No importa qué es lo que vamos a ver ni a escuchar, mucho menos cómo, pero sí cuanto más seamos mejor.
Parecía que con Cromañón habíamos aprendido y ni cerca estamos. En mayo de 2011 murió Miguel Ramírez, el joven herido por una bengala en un recital de La Renga, no pudo recuperarse de las lesiones que recibió y falleció, tras pasar nueve días hospitalizado.
Ahora dos muertos más en un recital donde había más de 200.000 personas, entre ellas niños .
Como público tenemos que replantearnos qué es lo que realmente buscamos en un recital de estas magnitudes. ¿Vamos a ver una banda? ¿Escuchamos sus canciones a 500 metros de distancia? ¿Están dadas las condiciones técnicas y de seguridad para asistir a este tipo de show? A veces parece que todo se acerca más a un fetiche de sentirse parte o lograr algún récord de concurrencia. El famoso "yo estuve ese día ahí". Parecería que todo tiene que ver más con un concepto de masas de Émile Durkheim que a un espectáculo en sí. Hoy todos los ojos están encima del rock nuevamente.
Sin dudas hay muchos responsables y es importante no mirar para otro lado. Debemos reclamar lo que nos corresponde y que cada una de las partes se haga responsable de lo ocurrido. Hay dos muchachos que no volvieron a su casa y otros que siguen internados en los hospitales de Olavarría. Fueron en busca de un momento feliz y la desidia y la improvisación los envolvieron y los llevaron hasta la muerte.
¿De qué sirven un puñado de canciones, el pogo más grande de la historia si dos fans no vuelven a sus casas o no verán más a sus familiares y amigos?
Solari impulsó esta mística de tocar en lugares inhóspitos y que la masa vaya en busca de sus canciones. Una marea humana cada vez mayor recorrió diferentes ciudades argentinas para saciar la sed rockera y pertenecer a esta misa que cada tanto, cuando él quería, daba a sus seguidores.
Una ciudad rockera lo siguió por donde quiso. Hoy está atrapado en libertad. "Preso en su ciudad" como alguna vez escribió y dijo.