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El Banco Central quiere que el FMI le deje vender más dólares, pero en Washington ven que la divisa va a traspasar la banda en pocos días

  • Escrito por Prensa

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Quieren quemar más reservas para detener la suba. El organismo que dirige Christine Lagarde cree que no falta mucho para que supere los $51 y podrán vender USD 150 millones por día

Los futuros indican que los mercados del mundo pueden comenzar en alza la semana. Tanto las bolsas de Europa como Wall Street están con sus indicadores en azul. En cambio, las bolsas de Asia abrieron en baja, salvo el A50, uno de los índices de la bolsa de China que tenía una aceptable suba de 0,59% en la medianoche del domingo. Pero estos datos que podían haber sido relevantes hace poco tiempo, hoy en la Argentina son accesorios.

La preocupación de esta semana será conseguir la autorización del FMI para quemar más reservas para detener la suba del dólar, aunque no llegue al precio convenido de $51 que es la línea superior de la banda de flotación.

El FMI demora la respuesta. Internamente creen que el dólar en pocos días subirá a $51 y podrán vender USD 150 millones por día que, sumados a los 60 millones del Tesoro, harán que la oferta global diaria sea de 210 millones, casi 30% de lo que negocia el mercado diariamente. La duda si esa cifra, aunque infunde respeto, calmará a un mercado ávido de divisas y que rechaza a los bonos en dólares de la deuda local.

En el fin de semana intentaron cambiar el clima de los mercados difundiendo dos encuestas que mejoran la posición de Mauricio Macri en un eventual ballotage, pero todavía no lo dan como ganador. Eso queda en manos de los indecisos y, las encuestas, se encargaron de mostrar la preferencia por ese núcleo de votantes independientes que si tomaron alguna decisión no se la comunicaron a los encuestadores.

La hipótesis de máxima de la Argentina en este momento es que el FMI le permita vender al Tesoro más de 60 millones diarios y que se adelante la posibilidad de intervenir en el mercado antes de que el precio llegue a $51.

También trabajaban en un plan de maquillaje como la recompra de sus propios bonos para evitar que la paridad caiga y aumente el riesgo país. Ni hablar de que se planteó pedir auxilio a Estados Unidos para que aporte dólares o sea un comprador de bonos en momentos en que los países emergentes no la están pasando bien porque los inversores del mundo se están refugiando en los títulos del tesoro norteamericano.

Por supuesto, la posibilidad de que Estados Unidos intervenga es lejana. La única buena noticia que puede llegar esta semana desde aquel país, es que el miércoles la Reserva Federal decida mantener sin cambios la tasa de interés en 2,25% anual. 97,75% de las consultoras creen en esa posibilidad y el resto piensa que las van a bajar.

A la luz de lo que se vivió el viernes, se espera un lunes virulento con demanda de dólares. El mercado quedo muy golpeado con las subas de las últimas ruedas y el exagerado aumento de las tasas de interés por parte del Banco Central no fue suficientemente disuasivo para los inversores que prefieren la seguridad del dólar antes que rentas de 4,5% mensual por sus pesos. El dólar en una semana duplicó esa ganancia.

El Central tiene como únicas armas la tasa, la venta de dólares del Tesoro, la venta en los mercados de futuro y, de manera poco clara, la intervención de los bancos oficiales cuando la divisa se recalienta. Es difícil que siga intentando comprometer a la Anses comprando bonos de la deuda argentina, porque debe preservar el patrimonio de los jubilados.

Por eso se espera que, cuando queda una rueda y medio día (el mercado de futuros cierra el mes el martes a las 13), las compras por cobertura van a predominar. Los exportadores esperarán un panorama más claro para liquidar con fuerza y los que compren lo harán atentos a cualquier movimiento del Gobierno y del Banco Central que no tienen problemas en cambiar las reglas del juego que impusieron porque su objetivo superior no es despertar confianza en los inversores, sino ganar las elecciones presidenciales. Por eso temen que, al igual que cuando aplicaron el dirigismo en el acuerdo de precios, quieran hacer algo similar en la plaza cambiaria.

Lo cierto que cada vez que sube el dólar, no solo conmueve los precios y el pacto de congelamiento, sino que fortalece el nombre de María Eugenia Vidal y debilita el de Mauricio Macri.

La Bolsa puede ver comprometido su comportamiento, aunque pueden aparecer compradores de oportunidad porque hay papeles con precios muy atrasados, en particular los de los bancos.

El otro dato a seguir es la evolución de los depósitos en dólares porque ha habido importantes retiros, algo frecuente a fin de mes para hacer frente a los gastos.

Los plazos fijos, que eran la gran apuesta del Banco Central para el éxito de su plan monetario, no se están renovando con firmeza y haber vuelto a a tasas de 73% no solo ha tenido ningún efecto, sino que marcó el fracaso de un plan que se vendió como un ajuste para no retornar al pasado.
Pero nunca el pasado estuvo tan cerca. Desde el control de precios y aumentos de créditos subsidiados, las encuestas le están siendo adversas al Gobierno.

Las armas se están agotando y el dólar sigue avanzando. Los inversores recuerdan que el Gobierno anterior ni con todos los controles cambiarios y el cepo, pudo detener el alza de la divisa. Para hacerlo, debió sobornar al mercado vendiendo a futuro dólares a precios irrisorios, medida que le costó una causa judicial.

La economía está dolarizándose a mayor velocidad de manera imprevista, porque esperaban que el fenómeno se produzca en mayo o junio. Pero las torpezas de las medidas oficiales fueron tan grandes, que inversores y ahorristas se cubrieron anticipadamente. Ahora será difícil convencerlos de que un peso que paga una tasa de más de 50% anual es mejor que un dólar.